“Me divido en mil fragmentos,me desdoblo,
me rearmo,
caigo y vuelvo a levantarme,
me hundo y vuelvo a la superficie,
subo hasta el cielo y caigo en el infierno,
mis caminos se bifurcan...
...eterna dicotomía."
Recomenzar Pasaron días, semanas y meses en los que lloré mares de lágrimas y dejé mi vida de lado, olvidando amistades, familia, trabajo y estudios, esperé una llamada, un mensaje o alguna noticia tuya, pero nada llegó y decidí olvidarte.
En tantos intentos conocí lugares y recorrí medio mundo buscando una nueva pasión, acaricié otras pieles y besé otros labios, casi logré olvidarte, sólo un vago recuerdo quedaba en mi mente, que asomaba cual ráfaga en un caluroso día de verano, fugaz y casi imperceptible, en momentos inesperados, pero no lograba hacerme caer, sólo preguntas surgían de aquella infrecuente visita de recuerdos: Dónde, con quién, cómo estarías?. Y logré seguir adelante.
Un día cualquiera, mientras caminaba por Bogotá, una mirada sostuvo la mía, no pude despegar la vista y mi cuerpo no quiso responder a mi mandato de caminar y alejarme de allí, sabiendo que no sería bueno saber a quien correspondía.
Fue como un sueño, todo a nuestro alrededor desapareció, los sonidos se extinguieron, las luces parpadearon, los movimientos se detuvieron a medio concluir, caminamos atraídos por la curiosidad, aunque sabíamos a quien correspondía cada mirada, aún así, nos arriesgamos a tropezar otra vez el uno con el otro. Casi nos podíamos tocar, mas aún así un abismo crecía entre nosotros, por mis mejillas bajaban lágrimas de dolor y rabia, mientras en tus ojos brillaba la culpa y una petición de perdón. No hablé ni hice nada esperando a que dijeses o hicieses algo, pero ese gesto no llegó, una última mirada, media vuelta y tus pies aparentemente alados te alejaron de donde yo estaba, casi podría decir que fue un espejismo, desapareciste entre la multitud que poco a poco volvía a rodearme.
Una voz a mi lado me trajo de golpe a la realidad.
-María…eh!, María!.- insistente siguió hablando- María, quién era él?, por qué lloras?, María, le conoces?
No supe qué responder, sólo le miré y traté de sonreír, pero inmediatamente noté en su mirada que las preguntas vendrían luego. Tomó mi mano y me guió de vuelta al hotel. Me dejé guiar, pensando en nuevamente comenzar a olvidar.